martes, 25 de marzo de 2008

La tierra de Me Importa Un Bledo

En la tierra de Me Importa Un Bledo las mentiras son una constante. Por supuesto, en toda realidad humana las mentiras son la constante que mueve la realidad misma. Pero en dicha tierra las mentiras las crean aquellos a quienes más queremos, aquellos de quienes menos las esperamos, y de quienes más daño nos hacen.

En Me Importa Un Bledo se crean mentiras ilusorias con el ánimo de salvaguardar al individuo. Así, paternalmente, se pretende evitar un mal mayor. Lo que las mentiras jamás podrán ocultar son las verdades que tras ellas subyacen. Intentar proteger es injusto, además de poco considerado. La mentira que viene de mano de lo único por lo que nos apetece respirar es mucho peor que todo el podrido sistema occidental donde reside Me Importa Un Bledo. Es mucho peor que el consumismo individualista y egoísta que pudre la sociedad hasta el tuétano.

La tierra de Me Importa Un Bledo es un lugar del momento, del instante. Debes coger todo lo que puedas del presente, al más puro carpe diem, pues no sabes si todo en lo que crees seguirá estando ahí después del instante. No hay promesas, sino palabras, vacías una vez pronunciadas, libres de todo significado, y dolor.

Es un páramo oscuro con momentos de luminiscencia, que casi podrían identificarse con luminosidad. Pero la llama que alienta la luz no es constante, ni es efímera. Tan pronto puede estar, y ser permanente un tiempo, como desaparecer sin aviso previo dejándole a uno sólo, y frío. Solo y frío.

Antes de llegar aquí Dumas solía escribir a mano sus pensamientos. Antes de conocer Me Importa Un Bledo imitaba lo que su imaginación había creado la lectura de muchos otros anteriores a él; pero la realidad de Me Importa Un Bledo es, quizá, la única verdadera, y ataca lo asentado con una fiereza tal que incluso lo inamovible se tambalea y desmorona como un castillo de naipes.

Existen multitud de modos de hacer las cosas. Etiquetarlas con adjetivos sólo es un modo pueril de ordenar nuestras preferencias. Pero en Me Importa Un Bledo las cosas siempre se hacen con una escala ajena a lo gradual, y de modo egocéntrico. Uno mismo pesa más que todos los demás. El bienestar de uno, momentáneo, temporal, es preferible al bienestar buscado entre dos almas. El hastío que lleva a Me Importa Un Bledo implícitamente conlleva la visión egoísta de las cosas: o lo tomas, o lo dejas.

Los peores momentos, pensó Dumas, siempre fueron los inmediatos al fin del día. Pensar puede convertirse en un terrible acto, en una tortura. No suponer, ni imaginar… pensar. La cultura cristiana, acertada pero erróneamente, nos dice que la verdad nos hará libres. Por supuesto, no su verdad. Pero cuando pretendemos haber roto las cadenas del padre saliendo al mundo libres, Me Importa Un Bledo nos retoma con un golpe de verdadera realidad adonde siempre hemos debido estar; esclavos de una cosa u otra, esclavos de alguien, esclavos de nosotros mismos.

En realidad la vida bohemia y fracasada de los personajes de los escritores malditos creaba una vaga sensación de envidia en Dumas. La aceptación voluntaria de la soledad, una vez descubierto, desde muy jóvenes, que el mundo está lleno de mierdas, como acertó Diógenes el Perro, y que cada uno es el mayor mierda de su mundo.

Las grandes hazañas no existen. Sólo existen humanos impresionables y buenos historiadores. Todos morimos de la misma manera; habiendo cagado, vomitado, meado, sudado, follado y amado. Todos nos imaginamos singulares y únicos, cuando lo cierto es que todos penamos por los mismos motivos. Cien mil años de historia del hommo sapiens y la sapiencia brilla por su ausencia en un mundo donde el hambre y la muerte llevan mucha ventaja, donde ganaron la partida hace cien mil siglos. Nadie hablará de nosotros cuando hayamos muerto, y tanto que da…

El ser humano teme a la muerte cuando pasa unas cuantas décadas intentado respirar, realizando una legión de acciones corporales, sin vivir ni un instante… O sencillamente viviendo en orgasmos.

¿Eres feliz? ¿Haces todo lo posible por hacer feliz a aquellos que te rodean, a los que quieres, y te quieren? Siguiendo con la analogía cristiana, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra…

En la tierra de Me Importa Un Bledo las cartas ya no se escriben, ni se entregan, y ni mucho menos se leen. Entre unas sábanas que no huelen a propias Dumas lía cigarrillos y descansa con valeriana, y potentes sedantes. Lástima no tener otras sustancias. Su vida puede estar en pocos segundos en una vasta red virtual al alcance de todo el mundo, y de nadie. El anonimato y la espontaneidad del instante es la nueva fórmula, tan vieja como el humano, para la relación.

El caso es que, en Me Importa Un Bledo, se vaga sin rumbo por un infinito desierto llano de sal, sin el menor punto de referencia para encaminarse, pero con un GPS que indica alguna dirección. Elige éxito, fracaso, o muchas variantes intermedias para encaminarte. Déjate guiar, una vez rompiste las cadenas del padre, por diez satélites geoestacionados con una precisión de ubicación menor a cinco metros. Llegarás a tu destino, cinco metros arriba, cinco metros abajo. Un completo éxito.

Mal lugar es Me Importa Un Bledo para afrontar la soledad.

El lecho de dos es muy grande cuando lo ocupa uno...

4 comentarios:

Steve Ballmer dijo...

Insane? I'm not inSaNe!

Heferstion dijo...

Pretty insane, no dude xD

LíaMae dijo...

Se me olvidó decirte que cada vez me parece que escribes mejor. Me gusta leerte (cuando no son tochazos tecno-políticos :P ).


P.D.:
¡Juer, qué nivelazo! Si hasta tienes visitantes que parecen inteligentes y todo.(Quede claro que lo digo por ese wen hombre de más arriba, no por mí) ;)

Heferstion dijo...

Gracias ;)